El Espectador | The Wayuu Miracle (Spanish)

El Espectador | Published Aug 1, 2014

La historia es la siguiente: En el año 2005, el empresario ganadero Luis Fernando Echeverry, preocupado por el estancamiento de los precios de la carne bovina y aprovechando la alta demanda de la carne de cordero en el mercado nacional, decidió traer desde México al sur de la Guajira, unos ovinos de la raza Katahdin, con los cuales inició un exitoso proyecto de cría, sacrificio y comercialización de carne de cordero, sustituyendo un volumen importante de las importaciones de la Patagonia de Argentina.

En una visita del ministro del Interior, Aurelio Iragorri a la Guajira, se enteró del exitoso proyecto ovino del empresario Echeverry y pidió que se lo mostraran. Al día siguiente le propuso implementar un piloto con varias comunidades indígenas Wayuu del centro y alta Guajira, apoyado por el ministerio del Interior. Es decir, un modelo de alianza estratégica donde el empresario -como operador del proyecto-, aportara el conocimiento y la tecnología, y la comunidad aportara la mano de obra, el predio y las ovejas para la reproducción ovina, con un contrato de compra a futuro a precio de mercado. Un gana, gana.

El piloto que fue financiado con recursos del ministerio del Interior y PADF, benefició a 1500 indígenas Wayuu pertenecientes a unas comunidades del municipio de Uribia que tenían que caminar mas de 10 kilómetros diarios para poder conseguir un par de calambucos de agua para sus alimentos y aseo.

Para solucionar de tajo el problema de abastecimiento de agua, el ministro Iragorri propuso que el proyecto iniciara con la construcción de seis pozos de 120 metros de profundidad que hoy producen entre 8 y 12 litros de agua dulce por segundo. Paso seguido se instaló una planta eléctrica para bombear el agua y brindar electricidad a las casas de las comunidades y se les instaló un sistema de riego por goteo para la siembra de cultivos de pan coger, pastos de corte y sorgo forrajero para los ovinos.

El siguiente paso fue la construcción de un aprisco con comedores y bebederos para albergar 400 ovinos a cada comunidad. Cuando cada comunidad aportó sus 200 ovejas, se les entregaron 4 reproductores puros para el mejoramiento genético de su hato. Para asegurar la productividad y rentabilidad del negocio, se les prestó el servicio de asistencia técnica y transferencia de tecnología en los temas agrícola, pecuario y uso del agua.

Un año después de haber iniciado el proyecto, al igual que en el evangelio, los ovinos se multiplicaron, cada comunidad indígenas obtuvo ingresos superiores a los 26 millones de pesos por la venta de sus ovejas, aprendieron producir eficientemente su propio alimento y se les produjo el milagro de tener agua disponible los 365 días del año.

Si el ministro Iragorri, ahora como ministro de Agricultura, multiplica este modelo de alianzas estratégicas en otros subsectores de la producción agropecuaria del país, va a lograr una verdadera revolución productiva en el campo.