Reforma | Poverty is not Fated (Spanish)

Reforma, 'La pobreza no es cosa del destino' 

July 26, 2015

--Miguel De la Vega

¿La pobreza tiene remedio? Según Caterina Valero, sí. Pero sin soluciones mágicas, advierte esta venezolana, directora de Programas de la Fundación Panamericana para el Desarrollo (de la OEA). Para lograrlo, dice, se debe atacar de forma creativa desde varios frentes: gobierno, iniciativa privada y sociedad.

¿La pobreza en América Latina es un drama o una tragedia?
Es un tema que afecta, al menos, a 200 millones de personas y en el que la Fundación ha venido trabajando durante 53 años sobre cuatro ejes: desarrollo económico, desarrollo social, fortalecimiento de las comunidades y respuesta rápida en desastres naturales. 

Eso es lo que hace la fundación, pero ¿tú, cómo percibes la pobreza?
Definitivamente como un tema resoluble.

¿En serio tiene solución la pobreza?
No es ni un drama ni una tragedia. Es un tema que tiene solución en la medida que todos los actores convocados trabajen en equipo: sector público, sector privado, sociedad civil e instituciones como nosotros.

En México, la pobreza es un negocio para quienes manejan programas sociales, ¿cómo combates eso?
Los ciudadanos, hoy en día, tenemos cada vez más herramientas. En la medida en que hay mayor información, se logra generar una conciencia de presión hacia quienes toman las decisiones.

¿Y eso en qué se traduce?
Cada vez más empresas tienen programas de responsabilidad social. También hay gobiernos, como México, que quieren implementar algunas metodologías o traer alguno de los expertos que tenemos para formar una alianza institucional y atender el problema. Eso quiere decir que no todo está perdido.

¿Y qué haces con países como Venezuela o México, donde la pobreza se utiliza como arma política?
Parte de nuestros programas buscan cultivar los valores democráticos. Hacer entender que la democracia puede tener defectos, pero es perfectible. Sin embargo, los países toman sus propias decisiones, la Fundación no viene a imponer una solución.

¿El populismo favorece la pobreza?
Eso lo deben definir los propios ciudadanos y los países... No tratamos temas que tengan que ver con la política o con lo partidista. Nosotros, desde abajo y hacia arriba, tratamos de empujar la concertación de la sociedad civil.

Lo pongo más sencillo: ¿enseñar a pescar o regalar los pescados?
Es mejor enseñarle a la gente a que pesque, y no a que reciba. No podemos dar la solución como llave en mano, sino que la comunidad también aporte.

¿Cómo cambias esa mentalidad de esperar a que el gobierno lo resuelva todo?
Trabajé con varias organizaciones en casos exitosos de reducción de la pobreza en América Latina y el Caribe. Te puedo decir que no todas las comunidades son asistencialistas, no todo el sector privado es apático y no todos los gobiernos buscan desconocer lo que pasa en sus países.

¿Qué significa que un niño deje de ir a la escuela?
Significa que no solamente deja de educarse. Afecta a la sociedad como un todo, pues ese niño puede pasar a formar parte de las bandas delictivas, o ser incentivador de la violencia o ser parte de la desesperanza.

¿Cuál es el costo para una sociedad en la que los alumnos pierden hasta tres meses de clases cada año por paros y marchas?
Hay un costo social, pero también creo que existen otras fórmulas de aprender.

¿A qué te refieres?
Lo estamos viendo en las sociedades donde cada vez más hay niños que se están educando en sus propias casas o niños que están utilizando plataformas digitales para aprender. Es decir, si no tienes el plan A, activa el plan B: busca cómo puedes educarlos hasta que vuelvan a estar en la escuela.

¿Eso se puede?
En Colombia, hay programas como la “escuela nueva”, donde se adaptan al cultivo del café. Hay momentos de siembra y de cosecha a los que se adaptan las clases. Que el colegio no funcione no significa que el niño no pueda educarse.

¿Un niño de la calle hoy puede convertirse en un sicario mañana?
No puedo afirmar eso. Lo que sí puedo decir es que un niño de la calle está en una situación de riesgo y lo que debemos buscar es que se convierta en un miembro productivo de la sociedad.

En México, tenemos niños que imitan sicarios, que torturan, que sacan ojos... ¿qué nos pasó?
Es una pregunta que tiene que hacerse la sociedad mexicana. Algo tenemos que hacer para evitar que el niño llegue a ese estadio.

¿Esta descomposición se da en toda Latinoamérica o más en México?
Se repite en América Latina y el Caribe, en distintos porcentajes. Cuando una madre muere, hay un niño con amplias posibilidades de dejar el colegio. ¿Y por qué muere? Porque no tuvo acceso a los servicios de salud, porque recibió un tratamiento médico inadecuado... Es un círculo en el que queda un niño desatendido o una familia fragmentada.

¿El machismo se cura?
Las sociedades evolucionan si tienen información y educación. Hoy vemos el avance de las mujeres; en Argentina y Chile, por ejemplo, hay presidentas. ¿Cómo cambiar de mentalidad? El cambio es posible. Se da por dos vías: la institucional, es decir, políticas públicas directamente relacionadas con la problemática; y por la vía cultural, por la concientización de la sociedad.

Pero la desigualdad de género sigue siendo un problema global... 
Tanto, que el 50 por ciento de nuestros programas tienen como beneficiarios a jóvenes y mujeres. Si sacas a una mujer de la pobreza, salvas a una familia.

¿Cómo lograr el equilibrio entre las soluciones urgentes y las de fondo?
Quejarse de los problemas no los soluciona. Quedarnos mirando no es nuestra posición.

¿Cuál es?
Pensar que existen áreas que pueden ser mejorables, que la sociedad evoluciona. Por ejemplo, la tecnología es un arma para el ciudadano.

¿Para qué?
Para educarse, para informarse, para diseminar información, para presionar a los gobiernos a que generen políticas públicas.

¿En algún momento has sentido que pierdes la esperanza?
No trabajaría en esto si hubiera perdido la esperanza. He visto cambios de vida en la gente.

¿De qué forma?
Lo hicimos en Bolivia, en 13 países. Sentar a la mesa al sector público, al privado y al social y decir: “yo tengo la plata; tú, ¡qué tienes?”; “yo tengo el terreno”; “¿cuál es la ley? ¡Hay que hacerla!”.

¿Cuál es el mayor enemigo del desarrollo?
La desesperanza es el enemigo.

¿Por qué?
Porque lo primero es entender que la pobreza no es cosa del destino. Debemos trabajar en que la gente entienda que la pobreza no es algo que deba aceptarse de manera irrefutable. Sí hay salida.

¿Qué falló en un país como México donde casi 3 millones de niños tienen que trabajar para subsistir?
El hecho de que el gobierno mexicano se esté acercando a nosotros quiere decir que quiere atacar las causas.

¿Alguna vez has llorado en este trabajo?
La última vez que lloré fue en Honduras, donde hicimos trabajo de disminución de riesgos en una pequeña comunidad en la Canaán.

Cuando concluyas tu gestión, ¿cómo podrías decir “misión cumplida”?
Yo aprendí a vivir con la incompletud. Hay demasiado por hacer y, por el momento, haré lo que pueda.

Pero no te puedes ir insatisfecha...
Con cada pequeño proyecto me siento satisfecha. No pretendo solucionar todos los problemas del planeta, sólo quiero dejarlo.

Cinco Datos

  1. En la Fundación Panamericana para el Desarrollo es responsable del manejo de un portafolio de programas regionales, por 40 millones de dólares.
  2. Ha coordinado programas sociales para la ONU, el Banco Mundial, la Unión Europea y el Banco de Desarrollo para Latinoamérica.
  3. Dirigió Liderazgo y Visión, una ONG venezolana dedicada a la promoción de la democracia.
  4. Tiene maestría en Ciencia Política Comparada, en Francia; y una en Ciencia Política, en Chile.
  5. Visitó México para la firma de una alianza entre la FPD y el gobierno mexicano contra la trata de personas.